
Cuando Paul Feyerabend presentó por primera vez su trabajo respecto de los paradigmas y las teorías, fue considerado prácticamente como un loco, recibió más de alguna crítica destructiva y, por qué no decirlo, muchas risas de sus colegas teóricos. Pero nadie pudo entender que, por muy extraño que pareciera su pensamiento, de alguna u otra manera podía ser transformado y aplicado a distintas realidades, “bajado” hacia, por ejemplo, el campo periodístico.
Austríaco, natural de Viena, nació un 13 de enero de 1924 y murió en Zurich, Suiza, el 11 de febrero de 1994. Feyerabend toma ciertos paradigmas desde Thomas Kuhn, asumiéndolos y convirtiendo desde ellos un nuevo punto de vista en la forma en que el ser humano conoce.
Uno de sus postulados interesantes dice relación con el hecho de que, cuando la ciencia cambia, por lo general lo hace por razones externas a lo científico: su racionalidad dependería de los poderes dominantes y su congruencia con éstos. Menciona, por ejemplo, el caso de la religión, forma de conocimiento y explicación del mundo por excelencia siglos atrás, dado porque el clero era precisamente el que tenía el poder. Según Feyerabend, la ciencia es para la modernidad lo que la religión fue para la época medieval.
Por lo mismo, y siendo la ciencia la ideología del poder en la actualidad –-aunque, desde cierto punto de vista, creo que eso ya está cambiando--, no es más o menos valiosa que la hechicería, el vudú, la medicina natural y el tarot –-ésa es seguramente la parte de los planteamientos de Feyerabend que más carcajadas debió haber provocado. Seguramente, usted, señor lector, también debe estar esbozando una sonrisa. Creo…
A la conclusión que él llega es que no se puede demostrar que la ciencia es intrínsecamente superior al mito, por lo que no progresa y no cambia sino en la medida en que sus teorías expresan mejor o peor a los poderes dominantes. No es que se tenga poder por saber cosas, sino que decimos saber cosas en la medida que tenemos poder.
Es claro que los planteamientos de Feyerabend no son fácilmente adaptables a la realidad periodística, pero no es menos cierto que algunas de sus ideas se relacionan fuertemente con esta disciplina. Quizás podríamos llegar a pensar que vivimos en una época en la que, en conjunto con los avances científicos, también los medios de comunicación y todo lo que los rodea se han transformado en “la religión del siglo XXI”, la ideología del poder, y por cierto, una de las maneras de llegar a él. Podríamos concluir en una suerte de dualidad de los medios de comunicación como objetivo y procedimiento para dominar.
Si lográramos aplicar –-suena como complejo-- efectivamente los postulados de este filósofo austríaco, incluso sería plausible elaborar una teoría en la que el periodismo jugaría un rol fundamental dentro del juego social, dentro de la “guerra” de instalación de discursos. En esa lógica también se instalaría el discurso semi-periodístico semi-actualidad de Diego y Glot. Desde cierto punto de vista, los medios de comunicación también se han transformado en una forma de conocer la realidad y de legitimar ciertas ideas sobre el mundo.
No es que los medios elaboren teorías al estilo científico. Se trata de que éstos, en muchos casos, son la única forma en que las personas conocen -–sobre todo quienes no tienen acceso a la ciencia tradicional y al estudio-–, y en una amplia gama de aspectos: desde lo social a lo científico.
Junto con la ciencia, la comunicación de masas –-aunque no nos guste el nombre-– también se ha validado como el método por excelencia de instalación de los discursos, de lo que realmente es válido, las “verdades”, las ideologías. Así, se produce el mismo fenómeno que consigna Feyerabend al señalar que los paradigmas que eran validadas dependían más de la autoridad de turno (moral, política, científica, económica, etc.) que del hecho de que unas pudieran ser mejores o más cercanas a la verdad que otras.
“Los científicos no pueden dar razones de su poder. Lo que tienen en rigor es poder, y en virtud de que tienen poder dicen que tienen razón”. Lo que tenemos como periodistas también es poder y justamente nuestro principal objeto es comunicar, de la forma menos subjetiva posible. Somos canales y a la vez somos poder, lo tenemos, lo ejercemos, lo ejercen sobre nosotros, en fin. Y el objetivo final es entregar al público el discurso más transparente posible, sin manipulaciones, y donde “todos” tengan cabida y puedan dar a conocer sus mensajes –-si no es posible a través de la ciencia, puede ser a través de los medios, aunque no se trate de “verdades universales”.
Quien está en los medios de comunicación, ¿es necesariamente superior? Quien tiene la capacidad para instalar sus mensajes, las “formas de conocimiento”, los pensamientos respecto de determinados temas, y nuestras maneras de reaccionar “debidamente” frente a ellos, ¿lo hace necesariamente de manera legítima? No. Feyerabend lo aplicaba en el campo del conocimiento de la realidad y de su estudio. Nosotros lo aplicamos desde el periodismo y el análisis a los medios y sus programas, como Diego y Glot. Y nuevamente volvemos a la respuesta de que quienes tienen el poder son los que nos dirán que sus formas de entender los acontecimientos son las más adecuadas sin que lo sean per se.
Hay muchos aspectos en los que podemos pensar que Paul Feyerabend era un excéntrico, tal vez un idealista, o quién sabe qué otros apelativos usar. Lo cierto es que desde su postura “anarquista” hay muchos elementos que nos hacen cuestionarnos respecto de nuestro propio campo de estudio, como se conoce y llega a la “verdad”, y ésta se presenta ante el público. Más allá de ir punto por punto comparando la teoría de este autor con el campo periodístico, haciendo los paralelos, nuestro aporte es instalar la misma discusión del poder que Feyerabend situó respecto de la ciencia, de esta “racionalidad cuantificadora y cosificadora”.
Sabemos que el debate respecto de la dominación y el poder está instalado y ha sido discutido. Más allá de eso, quiero reconocer en Feyerabend un real aporte a lo que nos convoca, nuestra profesión de comunicadores, y cómo desde las estructuras y teorías macro podemos aplicar las mismas fórmulas –-y hacer las mismas críticas-– que este autor austríaco hizo en su momento. ¿Será que todo puede ser comparable? ¿Será que “todo sirve”?
Feyerabend, Paul. Tratado contra el Método (1975). Editoral Tecnos, Madrid, 1981. Citado en Pérez Soto, Carlos. Sobre Un Concepto Histórico de Ciencia (1998). Editorial LOM. Página 177.
Feyerabend, Paul. Tratado contra el Método (1975). Editoral Tecnos, Madrid, 1981. Citado en Pérez Soto, Carlos. Sobre Un Concepto Histórico de Ciencia (1998). Editorial LOM. Página 176.
“Los científicos no pueden dar razones de su poder.
Lo que tienen en rigor es poder, y en virtud de que tienen poder dicen que tienen razón”
(Paul Feyerabend)
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