jueves, 21 de junio de 2007

Los inconsecuentes de siempre

¿Cuántas cosas no hemos dejado de hacer en algún momento, para luego seguirlas haciendo? ¿Cuántas veces hemos dicho “nunca más” y seguimos repitiendo las mismas equivocaciones? ¿Por qué el ser humano, que aparenta ser tan sesudo en ocasiones, termina siendo tan boludo?

Más de alguna vez nos hemos hecho esa interrogante, y como si fuera un meta-discurso de nosotros mismos, seguimos preguntándonos esas mismas preguntas una y otra vez, llegando a diferentes conclusiones la mayor parte de las veces, dependiendo desde la conjunción de los astros hasta si nos levantamos con el pie izquierdo o derecho.

Me hago estas preguntas basado en una simple cita de Mark Twain: “Dejar de fumar es muy fácil, yo lo he dejado ya como cien veces”. Inteligentemente simplista, ¿no? --de paso, esta vez prefiero dejarme llevar por una simple cita, porque en este minuto me hace mucho sentido...

Aunque me gustaría pensar que como periodistas somos muy objetivos dentro de la subjetividad, y que siempre seguimos una misma línea y todo eso, sé perfectamente que eso es pura… alardeada.

Durante estos años de universidad he escuchado a muchos compañeros que dicen querer resistirse a ese mundo tan marcado por el rating o por las cifras de ventas, a ese mercado capitalista, a las grandes compañías, etc. Me pregunto cuántos de ellos, efectivamente, seguirán pensando lo mismo cuando egresen y sean hombres de bien… cesantes.

No estoy defendiendo ni atacando, simplemente --y es en serio-- me cuestiono nuestra consecuencia como profesionales de las comunicaciones, que a veces tanto decimos que no queremos hacer tal cosa de nuestros años de estudio y al final, sea como sea, parece que el sistema nos termina tragando. ¿Es más grande que nosotros, acaso?

Recuerdo muchas veces durante estos años las discusiones que tuve con mis compañeros respecto de los trabajos grupales, donde --típico-- el trabajo se termina separando por partes que cada uno de los integrantes tiene que armar por su cuenta, para luego juntarlas todas. Y, típico también de la universidad, tocó que alguien se atrasó y con eso retardó a los demás. Pura irresponsabilidad, salvo contadas excepciones en que el perro se comió el pendrive, el computador mágicamente borró el archivo o un virus infalible afectó a uno de los compañeros, que no se pudo levantar a tipear.

Y sí, lo reconozco. Más de alguna vez me tocó ser aquél que retrasaba los trabajos y, por qué no decirlo, recibía los descargos y desvaríos de estresados compañeros que lanzaban improperios al mundo como si fueran extranjeros –-no sé por qué a los gringos, por ejemplo, les fascinan tanto nuestras chuchadas.

Diego y Glot… ¡ay, Diego y Glot!... cuántos garabatos nos has hecho lanzar… que por qué no hiciste tu parte a tiempo, que por qué la envías a esta hora, que por qué no puedes ser un poco más responsable… a veces me generaba esa extraña sensación de que, por muy a última hora que hiciera “mi parte”, quizás de igual forma no tenía tantos errores, no estaba tan mal, y de hecho hasta estaba bastante bien. Me ha pasado muchas veces en la universidad --y no, no estoy alardeando.

Por eso es que muchas veces durante los trabajos y avances en nuestra tesina, con mis nunca bien ponderados compañeros Sebastián Chacana (o Shakana como prefiero llamarlo) y Jorge Miranda (o el No me cagues tanto, perdonando la expresión) tuvimos tantos roces y, seguramente, tuvieron tantas ganas de patearme en el suelo hasta decir basta. Sí, también yo quise patearlos cuando me tachaban de flojo.

Hemos avanzado harto en nuestro trabajo para lograr ser Licenciados en Comunicación Social, aunque aún nos queda harto camino por recorrer. Seguramente, ya no tendré muchas excusas como para seguir repitiendo lo mismo que he repetido por cuatro años y medio, respecto de “no lo voy a volver a hacer” (para caer de nuevo en lo mismo). También mis compañeros lo hicieron en su momento, todos lo hemos hecho alguna vez, así que no me siento tan culpable. Pero llegados a este punto, en que quedan sólo tres días de clase y el resto serán sólo largos meses de vacaciones (si es que el de Arriba no dice lo contrario), la verdad es que tendré mucho tiempo para avanzar en el trabajo sin excusas de falta de tiempo o de conexiones de Internet que se caen y no sé cómo arreglar. Además me patearon hace poco, así que peor todavía, más tiempo libre… (no sé si reírme o sólo decir que “así es la vida y todo pasa por algo" y etc.).

El punto es que en toda la vida, no sólo la universitaria, decimos que no haremos tales o cuales cosas y al final igual las terminamos haciendo. Muchos, incluso, dicen que jamás probarán ciertas frutas, y lo terminan haciendo igual. La inconsecuencia parece ser la reina de los seres humanos, la neurona por excelencia que nos comanda a seguir tropezándonos con las mismas piedras.

A estas alturas, sólo me queda trabajar y concentrarme en la tesina. También he dejado de fumar como cien veces (bueno, quizás no tantas), pero al menos, habiendo ya logrado decir que en Diego y Glot sí hay rasgos de identidad chilena, completamente identificables e identificados, y redactando nuevos análisis cualitativos respecto de ciertos tópicos interesantes en la serie, puedo decir con certeza que vamos bien encaminados en esta última etapa universitaria.

Quizás no deje de fumar de nuevo, porque entre otras cosas voy a subir de peso, pero al menos intentaré no ser tan inconsecuente, si después de todo, yo detesto con toda mi alma a quienes dicen , para después decir no, sin siquiera una explicación coherente.


"Dejar de fumar es muy fácil, yo lo he dejado ya como cien veces"

(Mark Twain)

No hay comentarios.: