
Me siento y escribo. No sé para dónde me llevarán las letras, no sé qué cosas de mí iré a desvelar ni tampoco qué saberes son los que guardaré, los que aprenderé y aprehenderé.
Sólo sé que quiero comenzar a avanzar, a escribirme a mi mismo las cosas que voy descubriendo, a dejar mis huellas en algún lugar, algún rastro que me recuerde los lugares donde estuve, los hechos que viví, las personas que conocí, todo.
A veces pienso que sólo avanzamos, sin detenernos a reflexionar ni en los más mínimos detalles. Quiero detenerme en eso que sé que en algún momento me llamará la atención; hablar de él (o escribir, mejor dicho), sentir que dejo un rastro y que puedo dejar mis pensamientos plasmados, y que alguien más podrá leer lo que siento, digo y pienso (y lo que no también).
Me gustaría pensar que no va a llegar el día en que tenga que escribir el cierre de esta bitácora (aunque, quizás si me entusiasmo, comience a escribir más seguido en blog).
Hay una cosa que creo que marcará este recuerdo abierto al mundo... el saber y el poder de escribir lo que realmente quiera, sin presiones, sin tambaleos, sin teorizar lo inteorizable, sin dármelas de estudioso. Quiero darme el lujo, terminando mi carrera, de escribir lo que realmente he querido escribir, quizás, estos años. O quizás me lo guarde. O a lo mejor sólo dé los primeros pasos...
Por ahora, me llama el interés de escribir esta pequeña suerte de diario de vida, en el que guardaré los pocos últimos recuerdos que quedarán de mi paso por la vida universitaria.
"No veo por qué me disuelvo en agua,
no veo por qué debo yo comprender.
¿Acaso serán tan sólo palabras
echadas al aire, surgidas del mar?"
(Letra de "Voces", de Miranda!)
no veo por qué debo yo comprender.
¿Acaso serán tan sólo palabras
echadas al aire, surgidas del mar?"
(Letra de "Voces", de Miranda!)
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